Dos películas, un director (primera parte).


Algo infalible que me ha enseñado la vida es que, en un viaje en autobús, existen películas que pueden marcarte para siempre, como tesoros recién descubiertos.

En mi larga experiencia de viajes por carretera me ha pasado de todo: desde ir casi muriendo por cólicos menstruales, hacer un viaje de siete horas (el estimado era cuatro), estar en medio de una marcha de protesta, conversar con mi compañero/a de asiento sobre sus problemas –aun cuando yo no lo pedí–, hasta ir sentada al lado de un Ariel Manzano ebrio por cuatro horas y no morir en el intento.
Cada viaje ofrece una experiencia distinta, aunada al deseo poético del hombre viajero; cada extracto de la carretera, paisajes, personas, aquel incómodo silencio entre asientos y la intermitente capacidad filosófica que adquieres al lado de la ventana, se convierten en un kit básico que llega al suscribirte, del cual no puedes escapar aunque canceles la membresía. A todo esto, agrégale la experiencia audiovisual que, por supuesto, es opcional. De esta manera puedes entretenerte (o no) con magnificencias o verdaderos fiascos cinematográficos.
Ya hace algunos años que llevo leyendo o viendo en la televisión reseñas y críticas del séptimo arte y, a decir verdad, siempre encontré “exagerada” la manera en la que describían el trabajo de los directores: cuando hacían énfasis en la esencia y el estilo, la iluminación y fotografía, igualdad en las tramas, clichés etc. (no me juzguen). No podía estar más equivocada, pues hay mucha teoría de donde fundamentar y lo más importante: rara vez veía más de una película de un mismo director (a excepción de las grandes producciones). El cine independiente –si puede englobarse en un todo– era terreno inexplorado.
Sí: fue en los viajes de autobús donde encontré (para mí) dos de las mejores películas que haya visto. Pero no voy a profundizar en críticas, pues no es la intención, lo que me interesa es aquel efecto que yo tanto subestimé.
Fue en uno de mis viajes a la Ciudad de México (cuando fui a presentar examen a la UNAM) donde encontré la primera película: La migliore oferta (Inglés, The best offer/ Español, La mejor oferta. Año 2013), cinta italiana del director Giuseppe Tornatore, un jugoso drama sobre subastas de arte, historia, autómatas del siglo XVIII y amor. Por desgracia, cuando subí al camión la película ya estaba empezada; por fortuna, luego del examen fui a Puebla a firmar los derechos de mi primer libro, y al tomar el transporte de regreso a casa, pude verla desde el principio.
Aquella película atrapó mi atención, escarbando muy en lo profundo de mis gustos ciencia-ficcioneros y fantásticos, a pesar de que roza sutilmente esos temas (en la justa medida) sin ponerse la etiqueta. El final me hizo desear más; un mundo fuera de los confines de la misma.  Estaba casi segura de que se trataba de una muy buena adaptación de libro –en el fondo anhelaba eso–, pues necesitaba conocer todos los detalles que únicamente puedes llenar con la imaginación. Sin embargo, el hecho de ser una sola película, sin continuación, le otorga más placer, como un buen cuento, transformando a la cinta en una fotografía impecable. La historia va de la mano con el soundtrack, logrando transmitir el misterio, la melancolía, la frustración y la esperanza.




Hasta aquí la primera parte. Tal vez al rato suba el resto o mañana o después, para que se intriguen como yo jaja.

Y  eso que dije que no haría reseña de cine. Se vale. Aunque no le llegue a los talones a una buena crítica. Los invito a ver la película y juzgar por ustedes mismos. Tal vez podrían comentarme su experiencia (si alguna vez me leen).


Saludos Robbinescos...

Un poco de amarillo al mundo

A veces es necesario contestarse algunas preguntas, no porque uno no las sepa (quién diga que no se conoce o que no sabe lo que hay en el fondo de sus pensamientos está mintiendo), sino porque vale la pena puntualizar todo aquello; con el paso del tiempo verás los cambios y recordarás momentos y razones, porqué estuvieron allí en primer lugar y cuáles se han ido transformando.
Es una manera reflexiva -causa justificada- de explicar, como el título de mi entrada, la relación entre Robbin y el amarillo. Hace poco un amigo empezó a decirme Yellow, apodo que por cierto me gusta mucho, y me puse a pensar que nunca he dado una explicación concreta de porqué me gusta tanto ese color, así que empecemos.
A decir verdad, no entiendo muy bien cómo pasó, o en qué momento decidí que ese color me gustaba. Sólo recuerdo que, para todo lo que mi mamá nos compraba a mis hermanas y a mí (cuando eran las mismas cosas y sólo había de diferenciarlas por color), siempre le pedía el amarillo. Eventualmente dejó de preguntar y sólo llevaba los regalos en ese color, la ropa, los envoltorios de regalo, las bolitas para el cabello, cuadernos, vasos, platos, calzones, etc. etc, aún cuando con mis hermanas seguía variando los colores.
Dice ella (Robbin's mom) que apenas empezando a hablar, yo decía con gusto y asombro -en un lenguaje infantil- "amaílluuu" y a continuación, señalaba el objeto del tono en cuestión.
Claro que no todo es amarillo (el blog sí), no crean que soy una mujer que vive rodeada de ese color; por el contrario, hay momentos donde debo apartar el color cuando sé que no es el indicado: para cierto tipo de ropa o maquillaje, incluso algunos tonos de amarillo no me agradan, dígase los que viran más hacia el verde, los amarillos muy chillones, amarillo limón y amarillo de carreras.
Para terminar, el blog es amarillo y se llama "Mundo amarillo". Para quienes realmente me conocen no debería hacer falta una explicación, simplemente es a mí como yo a él: decir amarillo en Robbin es hablar de intimidad, de una profunda alegría, de la esencia de mi personalidad.
Así que no se disgusten por tanto color en el blog (la versión para celulares no está tan cargada): el que viene a saber de Robbin, viene a ver -así es- un mundo amarillo.


P. D.
Como escribo desde el teléfono, no puedo hacer uso del guión largo, lo siento. Ya pronto desenpolvaré mi laptop y les traeré más reflexiones y el primer cuento del blog.

Saludos amarillos.

Está hecho

Es mi primer entrada, como fuera en el 2009. Qué nostalgia!
Será breve (sólo por ser la primera jaja).

Que qué se verá aquí?

Más de Robbin, por supuesto! Un estilo más maduro (según) y a la vez más íntimo (según, de nuevo). Uno que otro cuento (la primicia la leerán aquí), una que otra imagen y todo lo que se me pueda ocurrir, pues esa es la finalidad.

El mundo amarillo soy yo!