Azul y Amarillo


Somos colores,

mi favorito es el amarillo 

tú prefieres el azul.


Hay una hermosa coincidencia, en cómo 

nos fusionamos así.


Te veo ambarino, rayo de sol,

como la luz que no creí conocer;

yo soy las sombras del azul,

en un boulevard interminable.

 

Porque el amanecer está más cerca 

del color de tus ojos.

 Mientras que yo en sueños me perdí,

en lo profundo del mar.


Tal vez si supieras

que el calor ha vuelto a mi corazón

gracias a ti,

no sería en vano la luz azul

del frío que se apoderó de mí

hace tanto tiempo.


Tal vez sí supieras 

que me aterra verte partir 

con los tonos del crepúsculo,

volverías con las estrellas 

para iluminar mi noche.


Hay una hermosa coincidencia 

en cómo nos fusionamos así.


Amo el amarillo

porque me hace sentir 

que la vida debe soñarse así.

Tú escoges el azul,

como el misterio de tu aura,

que siempre añoraré

en descifrar.


Tú y yo juntos

no es una idea de fantasías.

Pues el mar se vuelve uno con el sol.

Déjame creer todo eso 

al menos el día de hoy.

Dos películas, un mismo director. Parte 2

Y entonces por fin subo la parte dos 


Ya tengo 33 años. Empecé mi primer blog a los 18, cuando mis amigas y amigos preferían el metroflog yo intenté con esta práctica opción para allá amantes de las letras. 

Me ha pasado de todo! He crecido como escritora pero aún me falta más.

La razón por la cuál no había subido la segunda parte fue porque se quedó en la laptop de mi primo Alexis. Entonces tuve que escribir una nueva. 

Entremos en materia.


Cuál es la otra película del mismo director (Giuseppe Tornatore)?


La corrispondenza (2016). En español, te amaré eternamente.


Película que precede a "La mejor oferta" (2013).


Resulta que la vi... Sí, adivinaron. En el camión del Ado, como con su predecesora.


Recuerdo que me dolía la cabeza. Esta vez iba de Xalapa rumbo a la tierra del Papán.  Entrecerraba los ojos, pues la luz me lastimaba un poco, pero si recuerdo las escenas. Un actor tan experimentado como Jeremy Irons es uno de los protagonistas, junto con Olga Kurylenko. 

En la historia, el personaje de Jeremy Irons, un hombre de ciencia, muere a causa de una enfermedad cerebral, pero deja como legado un sin fin de mensajes, desde cartas hasta mensajes de celular, para su novia/amante. 

Hay instruciones específicas de que esos mensajes se envíen de manera espaciada y atemporal, para que el objeto de sus amores no recienta tanto su muerte y sepa que, más allá de la muerte, la seguiría acompañando.

Es sin duda una película más triste que "La mejor oferta" pero de la misma forma irradia un amor infinito. 

Puedo intuir que Tornatore es un romántico empedernido (tal vez no) o sus películas son las amantes del amor. 


El punto es, que apenas comencé a ver la película, me recordó a otra. No sé decir en qué, porque no soy experta cinéfila. Tal vez en la fotografía, en los paisajes, en la música (porque también el ya fallecido maestro Ennio Morricone presta sus talentos para el Soundtrack), pero al final di en el blanco.

Otra película de Tornatore al alcance de un boleto de Ado. 

En las críticas vi que no muchos apreciaron la película pero a mí me gustó mucho. Me hizo llorar (clásico). 

Entonces pude entender el estilo que los cineastas recolectan a lo largo de su vida, como otros artistas. Como los escritores y pintores, músicos y demás.


Yo, como cuentista, puedo observar las similitudes y el estilo de mis cuentos. Amo el cuento fantástico (no confundir con maravilloso o con el cuento de hadas). Así que dejé de pensar en las supuestas exageraciones que tienen los críticos de cine, o los expertos que van a restaurantes en busca de otorgar una estrella Michelin a quien realmente lo merezca.

Ya con mi ojo y mis sentidos más afinados, encontré las similitudes entre las películas de Baz Luhrmann (Mouline Rouge, la más reciente Elvis o mi tan amado The Great Gatsby); o con las películas y los cortos de Wes Anderson. "El gran hotel Budapest" me encantó.  "Viaje a Darjeeling" me enganchó, aunque había algo que no entendía de ella del todo. Y  no olvidar sus cortos basados en cuentos de Roald Dahl.


En fin....


El arte es tan bonito que no nos damos ni cuenta que más allá de la interpretación del receptor, el emisor está dejando que lo descubran como una pieza de ajedrez. Cuál es su lugar en el tablero? Ese es el misterio, pero desgraciadamente olvidamos descifrar el acertijo, porque nos concentramos más en el papel del jugador, que al final somos nosotros mismos. 

Motivo totalmente válido.


Night And Day

 Es un restaurante ficticio, localizado en Praga, de mi película favorita The Best Offer.


El diseño de engranes, como si estuvieras dentro del mecanismo de un reloj simplemente me alucina.


El simbolismo de quién busca y quiere hallar las respuestas dentro de la intrigada red del tiempo es tan vago, que precisamente por eso la película termina de esa forma. Realmente Claire fingió el amor hacia Virgil? Virgil la encontrará algún día? Y si lo hace... Podrá perdonarla? 


Virgil encontró el restaurante, no era producto de una mentira maravillosamente elaborada. Era el toque de Claire, la pista donde ella decía la verdad, como Veliante, la célebre falsificadora de obras de arte. Ella no podía firmar las pinturas (casi clones de sus originales) por ser mujer. Un impedimento de la época. Entonces escondía la V de Veliante en el cuadro, para que estuviera presente, justo en sus narices. Transgresión. Revolución.

Claire deja su letra en las anécdotas de su infancia, y en el deseo de que eso tan importante para ella fuera conocido por Virgil, porque sí... estoy segura de que sí se enamoró.


Entonces, volviendo a la escena final. Virgil aguarda (y aguardará) "noche y día" en ese restaurante hasta ver llegar a una Claire que probablemente le estaba dando el mapa con la X, para que después de todo el caos desatado él fuera a buscarla y retomar su amor. 


Una prueba de fe, más bien. Yo creo que el director quiere que soñemos con el reencuentro. Ese final es más romántico que desalentador, si lo vemos de esa forma. Esperar, aguardar, por un amor que podría ser imposible!!! pero que si aguardamos lo suficiente, podrá cultivarse, como la flor sobre el asfalto. 

Sí, me recordó a un cuento de mi autoría. Hay veces que debemos creer y confiar. Encontrar un amor épico es igual de probable que el desafío de la aguja en el pajar. Dependerá más de la suerte? O de ir quitando pacientemente todas las hebras doradas hasta encontrar aquella espinita metálica? 


Esa es la diferencia entre la convicción del ser, la fuerza del espíritu y el anhelo ante la fatalidad de rendirse al primer obstáculo.


Yo no quiero ser de esas últimas personas. 


Hablando un poco del amor

Sí, tengo otra historia directo del baúl de los recuerdos, y es interesante porque tengo sueño pero hay un dinamismo entre el ser y el escribir que te impide dejar la mente tranquila, naturalmente debes saciar ese deseo de escribir (teclear) aquello que andas cargando con tanta insistencia.

Me dijeron una vez que hay personajes que  cuestionan siempre el amor, que intentan borrarle esos límites que nos hemos impuesto. Si eso fuera posible seguramente la guerra y el odio serían cosa del pasado, pero también existiría una clase de amor devoto, un amor que se satisface por él mismo, sin desear poseer. Un amor libre. 
Al final, si todo fuera amor ¿estaríamos sintiéndolo realmente? ¿Podríamos reconocerlo a simple vista? Por eso se habla mucho del equilibrio pues, para conocer lo bueno debemos identificar también lo malo; una utopía nace de los escombros y la luz del sol sale después de un periodo de oscuridad.
No hay atajos cuando se trata de filosofar el amor, no hay un camino correcto, sólo el dar pasos, quién sabe a dónde.
La primera vez que creí sentir el amor fue a base de una idea, de un pensamiento de lo que nos enseñaron que era; obvio que no se acercaba a nada, sólo era un patrón de lo que sabía, más no una experiencia propia. Luego el tiempo te hace encontrarte en esas situaciones donde puedes decir con orgullo que lo has experimentado por primera vez, como un orgasmo o un parto natural, yo que sé. Pero es ese orgullo, esa sensación de triunfo cuando lo encuentras, el sello que se graba para siempre, y ahí nadie te lo tuvo que contar.
Hablo del amor y el deseo que se tiene por alguien, como potencial pareja, con esa química que a todos nos embelesa y que luego evoluciona en complejidades infinitas. Sea lo que sea, el amor no debería ser complejo, aunque así se sienta, sólo debe ser, estar. 
Remembrando, cada vez que escribo sobre el amor (ya tiene muchísimo tiempo que no lo hago), intento contar todas esas historias vistas desde el lente de la imaginación, ya saben, verdad envuelta en ficción. Quizá algún día lo vuelva a hacer, de una forma más clara. 
Por el momento me quedo con la satisfacción de que me voy acercando a esa escritura romántica, esta vez en forma de música. 
Las canciones eran lo mío hace años, poemas listos para tararearse, rimas asonantes, repetitivas. En esta ocasión un buen amigo me contó que quería sorprender a su novia en su aniversario y me pidió que escribiera algo para ellos. No tardé en animarme a proponerle una canción ¿por qué? Rayos! No tengo la menor idea! A veces soy así de entusiasta, pese a tocar apenas un instrumento con pasos de bebé. Así que opté por hacer la letra y darle ritmo con mi imaginación y los chasquidos de mi dedo. Terminé grabando la letra cantada junto con ese chasquido para ir señalando el tiempo y el ritmo; se lo mandé a mi amigo con toda la pena del mundo de que me oyera cantarla, pero no se me da tan mal la afinación. Al final le pusieron música de guitarra para poder cantarla en una hermosa serenata. Escuchar mi letra y ritmo, vivos junto con la música, me hizo estremecer. La letra es simple, el amor es lo importante.
Cuando esté bien ensayada y perfeccionada (y cuando pase la sorpresa a esa afortunada chica) con gusto les haré conocer mi primer trabajo de ese tipo. 

Y bueno, es todo por hoy. 

La verdad del escritor

En la nostalgia se encuentran muchas plegarias, pero también muchas satisfacciones; un extraño placer que viene desde las entrañas del tiempo. El tiempo y la letra están ligados, no sólo por su encuentro cronológico, sino también por el poder que el segundo obtiene del primero.
Y tener todo ese poder, de moverse a través de la atemporalidad, es una responsabilidad que puede llegar a destruirnos, siendo nuestra única salvación el innovar.
Un escritor debe ser innovador. Cualquier artista (que se redescubra como tal) lo sabe: en el arte está la forma de comunicación más noble pues, el autor y su contraparte se desnudan: uno para ser visto por el mundo y el otro para verse a sí mismo (tarea titánica que sólo los innovadores pueden lograr).
En la escritura el ejercicio es lo mismo, extrapolarlo todo hasta que seamos una semilla de verdad, envuelta en ficción. Se escribe del pasado, presente y futuro, y en todo hay melancolía, está empapada en cada enunciado. Atravesar esa melancolía es como hacerlo con el fuego, para volver a nacer, esta vez con nuevos bríos.
De modo que, la próxima ves que leas algo de este particular modo en el que veo la vida, tendrás la obligación de escudriñar mis pensamientos... Y los tuyos.

Eclipse de luna

Y esa noche nos vi juntos, tomados de la mano, mirando un cielo que no era infinito...


Para quienes ya conocen mi manera de escribir, y la frecuencia con la que lo hago, deben saber bien que tendré periodos de iluminación y otros helados.
La segunda parte de la entrada: dos películas un director, estuvo lista desde el primer día que subí la primera parte, pero olvidé subirla antes de que mi primo Alexis se fuera, y en su lap está el texto completo :(
Esperaré a que regrese.

En fin, hoy hay entrada nueva.

Como ya saben, este domingo se pudo ver en México uno de los muchos fenómenos espaciales, y tuve la dicha de verlo en primera fila, con una ciudad dormida y un cielo sin nubes, pero con muchas estrellas. A pesar del frío, acerqué mi sillón a la terraza y quedé hipnotizada por la vista nocturna, por la sombra que nuestro planeta le hizo a la luna, que irónicamente se veía más hermosa que otros días.
Todo eso me hizo recordar una de mis tantas anécdotas de la infancia, que iré posteando de poco a poco.
Cuando tenía mmm, la verdad no recuerdo cuántos años, pero sé que estaba en la primaria, comencé a apasionarme por la astronomía. Mis papás me compraron el juego de telescopio Mi Alegría, que no sirvió, sólo si mirabas con las lentes por separado (cosa rara). Desde entonces mi fascinación por el espacio fue creciendo más y más, hasta el punto de considerar ser astronauta (qué??!!! por qué desistí a eso!! jaja).
Sucedió una noche mientras mi abue miraba las noticias: se anunciaba que varios planetas iban a poder verse a simple vista; mercurio, marte, venus y júpiter, creo saturno también, y lo único que tenías que hacer era sacar la cabeza por la ventana y observar el espectáculo.
¡La inocencia es algo maravilloso! La ignorancia... no tanto, pero si vienen juntas pueden volverse algo tierno o decepcionante, depende del ángulo de quién lo ve. Entonces la pequeña Chelito, desde ese momento, comenzó a soñar todas las noches que veía los planetas desde su ventana, todos del tamaño del cielo, de la vista misma, como los soles gemelos de Tatooine o como grandes ojos vigilantes.  El sólo pensar en ello erizaba mi piel y hacía que me diera un dolor extraño en el estómago, que paraliza como una caída desde lo alto pero que volverías a repetir una y otra vez. En el noticiero dieron una fecha, y yo la marqué en mi calendario mental con tinta roja indeleble.
El tan esperado día llegó. Desde la mañana mi corazón temblaba. Ya me había encargado de esparcir la noticia en todo mi salón de primaria y con toda mi familia, pero nunca nadie me dijo la verdad...
Se acercaba la noche, yo estaba muy nerviosa porque había llovido en días anteriores, con un poco de frío, y para la ocasión eso no pintaba bien. Un cúmulo de nubes nerviosas se amontonaron, yo creo que también querían ver el show. Dieron las ocho, las nueve, las diez... nada. Sólo nubes y lluvia, ni una sola estrella. Terminé devastada. Dormí llorando, y volví a tener ese sueño, donde los colores en el cielo eran sacados de un cuadro famoso y los planetas se aproximaban a la tierra como para abrazarla, yo miraba, yo me dejaba llevar por la energía de la creación, del todo, mis ojos estaban ahí y no querían irse nunca.
Pasó otro día, con las mismas ganas y tan poco cielo...por fin, en el cuarto o quinto día, las nubes decidieron ser buenas conmigo: sólo las estrellas habituales, uno que otro lucero.
Eso era.
Lo vine a entender después de muchos años; los planetas estaban frente a mí, probablemente gritando mi nombre, "Chelito, ven, voltea!" Seguro recuerdan mi rostro emocionado y confundido, intentando buscar lo que mis sueños creyeron.
Si regresara al pasado y me viera contemplando el cielo desde la ventana, lo más lógico sería hablarme con la verdad desde el principio pero, ¿arruinarme todas esas noches de sueños locos y mariposas recién salidas del capullo directo a mi estómago? JAMÁS.

Lo más cerca que he estado de todo eso fue este domingo, con un catalejo en la luna y mi corazón en alguna parte del universo.


Dos películas, un director (primera parte).


Algo infalible que me ha enseñado la vida es que, en un viaje en autobús, existen películas que pueden marcarte para siempre, como tesoros recién descubiertos.

En mi larga experiencia de viajes por carretera me ha pasado de todo: desde ir casi muriendo por cólicos menstruales, hacer un viaje de siete horas (el estimado era cuatro), estar en medio de una marcha de protesta, conversar con mi compañero/a de asiento sobre sus problemas –aun cuando yo no lo pedí–, hasta ir sentada al lado de un Ariel Manzano ebrio por cuatro horas y no morir en el intento.
Cada viaje ofrece una experiencia distinta, aunada al deseo poético del hombre viajero; cada extracto de la carretera, paisajes, personas, aquel incómodo silencio entre asientos y la intermitente capacidad filosófica que adquieres al lado de la ventana, se convierten en un kit básico que llega al suscribirte, del cual no puedes escapar aunque canceles la membresía. A todo esto, agrégale la experiencia audiovisual que, por supuesto, es opcional. De esta manera puedes entretenerte (o no) con magnificencias o verdaderos fiascos cinematográficos.
Ya hace algunos años que llevo leyendo o viendo en la televisión reseñas y críticas del séptimo arte y, a decir verdad, siempre encontré “exagerada” la manera en la que describían el trabajo de los directores: cuando hacían énfasis en la esencia y el estilo, la iluminación y fotografía, igualdad en las tramas, clichés etc. (no me juzguen). No podía estar más equivocada, pues hay mucha teoría de donde fundamentar y lo más importante: rara vez veía más de una película de un mismo director (a excepción de las grandes producciones). El cine independiente –si puede englobarse en un todo– era terreno inexplorado.
Sí: fue en los viajes de autobús donde encontré (para mí) dos de las mejores películas que haya visto. Pero no voy a profundizar en críticas, pues no es la intención, lo que me interesa es aquel efecto que yo tanto subestimé.
Fue en uno de mis viajes a la Ciudad de México (cuando fui a presentar examen a la UNAM) donde encontré la primera película: La migliore oferta (Inglés, The best offer/ Español, La mejor oferta. Año 2013), cinta italiana del director Giuseppe Tornatore, un jugoso drama sobre subastas de arte, historia, autómatas del siglo XVIII y amor. Por desgracia, cuando subí al camión la película ya estaba empezada; por fortuna, luego del examen fui a Puebla a firmar los derechos de mi primer libro, y al tomar el transporte de regreso a casa, pude verla desde el principio.
Aquella película atrapó mi atención, escarbando muy en lo profundo de mis gustos ciencia-ficcioneros y fantásticos, a pesar de que roza sutilmente esos temas (en la justa medida) sin ponerse la etiqueta. El final me hizo desear más; un mundo fuera de los confines de la misma.  Estaba casi segura de que se trataba de una muy buena adaptación de libro –en el fondo anhelaba eso–, pues necesitaba conocer todos los detalles que únicamente puedes llenar con la imaginación. Sin embargo, el hecho de ser una sola película, sin continuación, le otorga más placer, como un buen cuento, transformando a la cinta en una fotografía impecable. La historia va de la mano con el soundtrack, logrando transmitir el misterio, la melancolía, la frustración y la esperanza.




Hasta aquí la primera parte. Tal vez al rato suba el resto o mañana o después, para que se intriguen como yo jaja.

Y  eso que dije que no haría reseña de cine. Se vale. Aunque no le llegue a los talones a una buena crítica. Los invito a ver la película y juzgar por ustedes mismos. Tal vez podrían comentarme su experiencia (si alguna vez me leen).


Saludos Robbinescos...