La verdad del escritor

En la nostalgia se encuentran muchas plegarias, pero también muchas satisfacciones; un extraño placer que viene desde las entrañas del tiempo. El tiempo y la letra están ligados, no sólo por su encuentro cronológico, sino también por el poder que el segundo obtiene del primero.
Y tener todo ese poder, de moverse a través de la atemporalidad, es una responsabilidad que puede llegar a destruirnos, siendo nuestra única salvación el innovar.
Un escritor debe ser innovador. Cualquier artista (que se redescubra como tal) lo sabe: en el arte está la forma de comunicación más noble pues, el autor y su contraparte se desnudan: uno para ser visto por el mundo y el otro para verse a sí mismo (tarea titánica que sólo los innovadores pueden lograr).
En la escritura el ejercicio es lo mismo, extrapolarlo todo hasta que seamos una semilla de verdad, envuelta en ficción. Se escribe del pasado, presente y futuro, y en todo hay melancolía, está empapada en cada enunciado. Atravesar esa melancolía es como hacerlo con el fuego, para volver a nacer, esta vez con nuevos bríos.
De modo que, la próxima ves que leas algo de este particular modo en el que veo la vida, tendrás la obligación de escudriñar mis pensamientos... Y los tuyos.

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