Me dijeron una vez que hay personajes que cuestionan siempre el amor, que intentan borrarle esos límites que nos hemos impuesto. Si eso fuera posible seguramente la guerra y el odio serían cosa del pasado, pero también existiría una clase de amor devoto, un amor que se satisface por él mismo, sin desear poseer. Un amor libre.
Al final, si todo fuera amor ¿estaríamos sintiéndolo realmente? ¿Podríamos reconocerlo a simple vista? Por eso se habla mucho del equilibrio pues, para conocer lo bueno debemos identificar también lo malo; una utopía nace de los escombros y la luz del sol sale después de un periodo de oscuridad.
No hay atajos cuando se trata de filosofar el amor, no hay un camino correcto, sólo el dar pasos, quién sabe a dónde.
La primera vez que creí sentir el amor fue a base de una idea, de un pensamiento de lo que nos enseñaron que era; obvio que no se acercaba a nada, sólo era un patrón de lo que sabía, más no una experiencia propia. Luego el tiempo te hace encontrarte en esas situaciones donde puedes decir con orgullo que lo has experimentado por primera vez, como un orgasmo o un parto natural, yo que sé. Pero es ese orgullo, esa sensación de triunfo cuando lo encuentras, el sello que se graba para siempre, y ahí nadie te lo tuvo que contar.
Hablo del amor y el deseo que se tiene por alguien, como potencial pareja, con esa química que a todos nos embelesa y que luego evoluciona en complejidades infinitas. Sea lo que sea, el amor no debería ser complejo, aunque así se sienta, sólo debe ser, estar.
Remembrando, cada vez que escribo sobre el amor (ya tiene muchísimo tiempo que no lo hago), intento contar todas esas historias vistas desde el lente de la imaginación, ya saben, verdad envuelta en ficción. Quizá algún día lo vuelva a hacer, de una forma más clara.
Por el momento me quedo con la satisfacción de que me voy acercando a esa escritura romántica, esta vez en forma de música.
Las canciones eran lo mío hace años, poemas listos para tararearse, rimas asonantes, repetitivas. En esta ocasión un buen amigo me contó que quería sorprender a su novia en su aniversario y me pidió que escribiera algo para ellos. No tardé en animarme a proponerle una canción ¿por qué? Rayos! No tengo la menor idea! A veces soy así de entusiasta, pese a tocar apenas un instrumento con pasos de bebé. Así que opté por hacer la letra y darle ritmo con mi imaginación y los chasquidos de mi dedo. Terminé grabando la letra cantada junto con ese chasquido para ir señalando el tiempo y el ritmo; se lo mandé a mi amigo con toda la pena del mundo de que me oyera cantarla, pero no se me da tan mal la afinación. Al final le pusieron música de guitarra para poder cantarla en una hermosa serenata. Escuchar mi letra y ritmo, vivos junto con la música, me hizo estremecer. La letra es simple, el amor es lo importante.
Cuando esté bien ensayada y perfeccionada (y cuando pase la sorpresa a esa afortunada chica) con gusto les haré conocer mi primer trabajo de ese tipo.
Y bueno, es todo por hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario